En las últimas décadas, la música en las Iglesias Cristianas ha cambiado drásticamente. Ya no se cantan himnos, sino se presentan conciertos con una instrumentación amplificada.


    Hoy en día, la alabanza es un evento muy hermoso, pero muy complejo. No es suficiente tocar y cantar para dirigir un culto. Debemos saber cómo discipular y consolidar al grupo de músicos para que unidos ejecutemos la alabanza con los principios bíblicos y bajo la cobertura del pastor.


    Los músicos deben ser siervos más que artistas. Su función no es tanto dirigir sino apoyar a la congregación, porque la alabanza pertenece a la congregación y no a los músicos.  Si la congregación no está cantando, por más que los músicos estén tocando bien, el culto es un fracaso.


    ¡DIOS QUIERE ESCUCHAR

      LA ALABANZA DE SU PUEBLO!


Programa 
de 
MINISTRO
DE
ALABANZA
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¿Qué hacemos en el culto?